Relato corto: Supervivencia

No estábamos preparados para un evento de esta magnitud.

Desde 1859 no se había visto nada igual. Aquel año, nuestro Sol, el que hace que nuestro planeta esté lleno de vida y que evita que nos congelemos gracias a su calor, generó una gran llamarada que impactó contra la Tierra.

Los efectos de esta llamarada solar fueron variopintos: desde auroras boreales en lugares del globo donde nunca había ocurrido algo parecido hasta incendios en el sistema de telégrafos de gran parte de Europa y Norteamérica.

En aquella época, el mayor problema fue quedar incomunicados en largas distancias durante días, incluso semanas. Pero aquél día, en el mundo en el que vivíamos, las consecuencias fueron desastrosas.

Hacía ya unos años que las agencias aeroespaciales se habían puesto de acuerdo para lanzar un sistema de detección temprana que nos permitiera estar prevenidos ante una situación como aquella.

Se lanzó una red de sondas colocadas entre nuestro Sol y la Tierra de manera que en el caso de producirse una eyección de masa coronal alertarían a la Tierra con el tiempo suficiente para reaccionar, y todos los gobiernos del mundo prepararon planes de emergencia para minimizar los daños generados por un evento cósmico de esas características.

Con el tiempo y los cambios de gobierno de los países, dichos planes fueron quedando relegados al olvido y los recortes en los presupuestos debidos a la crisis económica mundial hicieron que cada vez hubiera menos dinero para actualizar dichos planes y hacer el mantenimiento necesario de los sistemas de detección.

Los primeros en caer fueron nuestros satélites. Muchos de ellos quedaron fritos por las interferencias electromagnéticas causadas por la tormenta solar, y el resto se precipitaron en la atmósfera en cuanto esta se expandió por el aumento de temperatura. Esto destruyó las redes de comunicaciones globales y de GPS de un plumazo.

Cuando la masa coronal impactó contra la Tierra, parte de ella fue desviada por nuestra magnetosfera, pero un impacto de esta fuerza no era rival para nuestro “escudo”. Cantidades ingentes de radiación electromagnética atravesaron la atmósfera, generando interferencias de radio y dañando seriamente las redes de suministro eléctrico de las ciudades de todo el mundo.

Pero mientras la gente de a pie se maravillaba con los intensos colores de las auroras boreales en el cielo nocturno, y se quejaban de que sus móviles no conectaban a la red, una terrible consecuencia se nos escapaba inadvertida.

El gas ionizado de la llamarada reaccionaba con los distintos componentes de nuestra atmósfera, y como efecto colateral, el ozono, la única protección que teníamos ante la radiación ultravioleta de nuestra estrella, se fue disolviendo y combinando en otros componentes desapareciendo por completo.

Al cabo de unos días la gente que salía a la calle recibía quemaduras en la piel tras exposiciones cada vez más reducidas a la luz solar. La humanidad se refugiaba en sus casas y se alejaban de la luz directa que entraba por sus ventanas.

En el mar, los organismos microscópicos que servían de alimento a la mayoría de las especies marinas empezaron a morir debido a las altas concentraciones de radiación ultravioleta, lo cual fue el inicio de la muerte en masa de todo tipo de especies subacuáticas.

Los animales de las granjas morían por el calor, las quemaduras, cáncer de piel... y las plantas no tenían mejor suerte. Al morir los cultivos, el hambre se adueñó del planeta.

Los distintos gobiernos llevaron a cabo planes para salvar a la raza humana, y utilizaron distintos refugios subterráneos para adaptarlos y convertirlos en el nuevo hogar de la humanidad.

Durante el tiempo en el que se planificaban y ejecutaban los distintos planes, el caos se apoderaba de las calles. La comida escaseaba, el suministro eléctrico no funcionaba y miles de poblaciones que dependían de el para bombear agua a sus hogares empezaban a morir de sed.

Finalmente, los gobiernos refugiaron a científicos, médicos, ingenieros, artistas, historiadores... cualquiera que en el futuro pudiese ayudar a reconstruir el mundo que dejábamos atrás y nunca hicieron públicos sus planes para evitar disturbios aún mayores que pudieran acabar con millones de personas intentando destruir las puertas de los refugios para entrar por la fuerza.

Condenamos a miles de millones de personas a morir abrasadas bajo el sol mientras nosotros nos metíamos en un agujero oscuro.

Pasaron los años, y nuestra información del exterior era cada vez más limitada. La tecnología de la que disponíamos se iba estropeando y no teníamos recursos suficientes para repararla eternamente. Además, seguíamos sin tener satélites ni redes de comunicaciones globales. El suministro eléctrico no era problema ya que teníamos la energía solar para generar la electricidad que necesitásemos. Pero incluso esas placas empezaron a fallar con el tiempo, y los repuestos eran limitados.

Hoy, casi 10 años después, escribo estas palabras para dejar un mensaje de punto y final a nuestra especie. Hemos hecho todo lo posible para buscar formas de vivir bajo Tierra, pero las condiciones cada vez son más precarias. No hay diversidad genética suficiente para repoblar nuestra especie, y la tecnología de la que disponemos actualmente es sólo una sombra de la que teníamos en aquel entonces.

En una semana habremos muerto todos en el bunker. El resto de gobiernos del mundo dejaron de informar hace meses, pero su situación era parecida a la nuestra. Nos rendimos. Ya no hay solución posible.


Unos años después de la recepción de este mensaje, la capa de ozono comenzó a regenerarse. La ausencia de emisiones de los gases de las industrias que destruían el gas permitió que el proceso natural de creación de ozono trabajase más rápidamente de lo esperado.

El 98% de la población murió de hambre, complicaciones de salud y otras causas relacionadas con el exceso de radiación ultravioleta. El 2% restante subsistió haciendo gala del gran instinto de supervivencia que nos define como especie.

El sol salía por el horizonte como todas las mañanas y su luz bañaba las verdes llanuras, océanos y montañas mientras los supervivientes seguían luchando por sobrevivir.

Agradecimientos especiales

  • Alex Gutiérrez por sus correcciones y su opinión sobre la veracidad de las suposiciones del relato.
  • Victor Ruiz @vrruiz - @radioskylab_es por sus correcciones y opinión.