Relato corto: Perseverance

Una luz roja inundaba el puente de mando de la Perseverance. Los sonidos de las alarmas y las luces de error se multiplicaban en los paneles cada segundo que pasaba.

La comandante Hekima Takahashi se acercó al panel de comunicaciones y conectó la megafonía de la nave. Con el semblante serio y la templanza que se esperaban de alguien de su rango, dio la que sería la noticia más difícil que había tenido que dar en toda su vida.

- Tripulación de la Perseverance, al habla la comandante. La situación es crítica. Los sistemas de soporte vital han sido dañados por el impacto de pequeños fragmentos de roca de una nube de partículas que no fue detectada por la telemetría. Desafortunadamente, no hay manera de reparar el sistema con los recursos de los que disponemos y nos queda menos de una hora de oxígeno.

Hizo una pausa para recobrar fuerzas y continuar.

- Brian, necesito que compruebes si la lanzadera sigue intacta y si podemos escapar de esta bomba de relojería cuanto antes.

Por los altavoces del puente de mando se pudo oir a Brian Hart responder mientras corría por un pasillo de la nave.

- ¡Me pongo a ello!

Una vez transmitido el mensaje, la comandante se recostó en el asiento y se quedó mirando al techo de la sala pensando en cómo salvar a su tripulación mientras esperaba noticias de Brian.

La Perseverance es una nave de exploración. Equipada con los sistemas más punteros de la tecnología de la época, y con una tripulación de élite formada por 5 tripulantes: un comandante, un piloto, un ingeniero, un biólogo y un médico.

Cada uno de los tripulantes había sido entrenado para todo tipo de situaciones, pero en toda la historia de la exploración espacial tripulada nunca había ocurrido nada como esto. La nave estaba siguiendo el curso trazado unas horas antes del impacto. El piloto había conectado el sistema de navegación automática confiando la tarea a los sensores de última generación instalados en la nave. Sin embargo, un fallo en la matriz de sensores hizo que se interpretasen mal las lecturas y no se detectara una nube de partículas que tenían delante.

Es curioso como una pequeña roca del tamaño de una canica a la velocidad suficiente puede resultar tan letal. En los 10 segundos que tardó la nave en cruzar la nube de partículas recibió cientos de impactos directos que destruyeron los tanques de oxígeno, los paneles fotoeléctricos, las antenas...

Pasaron por su mente las caras de cada uno de los miembros de la tripulación con los que había convivido durante el último año.

Brian Hart, el piloto principal de la misión. Un cliché de piloto estadounidense con sus gafas de aviador y su chaqueta de cuero de la suerte. Sin embargo, no era un simple piloto. Era alguien muy inteligente que en el futuro podría comandar una misión dada su capacidad de liderazgo.

Brian Se encontraba en la sala del reactor cuando ocurrió todo. Había quedado allí con Cecilie Losnedahl, una doctora en medicina de Noruega que había sido seleccionada para la misión como la mejor candidata para el puesto de médico en muchos años. Hacía meses que quedaban en ese lugar de la nave para evitar que los demás miembros de la tripulación descubriesen que mantenían una relación. La general lo sabía, pero había mantenido el secreto para no poner a nadie en evidencia ni crear situaciones incómodas. Además, en su opinión hacían buena pareja, y no dejaban que esto interfiriera en su trabajo.

Jakub Kovar es el ingeniero de la misión. Un checo de mediana edad con un marcado acento que siempre está de buen humor, hablando de cervezas de todo tipo y contando historias de su juventud en Brno. Además de ser un ingeniero excelente tenía varias misiones de exploración previas a esta en su curriculum.

Y luego estaba Hans Nielsen, el biologo y también botánico de la misión. Un hombre reservado y por norma, con más afinidad por las plantas que por las personas. Sin embargo, cuando le conoces le coges cariño. Además, prepara un café excelente por las mañanas y es el mejor cocinero que se puede esperar dado el reducido número de ingredientes con los que contamos en la nave. Cada fin de semana preparaba una cena "space gourmet" como la llamaba él, y dejaba maravillados a todos los tripulantes.

Un ruido de estática interrumpió los pensamientos de la comandante.

- Aquí Brian. La lanzadera tiene algunos daños, pero nada que impida hacerla volar a un piloto tan capacitado como yo.

El tono de autosuficiencia de Brian hizo sonreir a la comandante. Alargó la mano y pulsó el boton de comunicación de la consola.

- Atención tripulación. Dirgíos todos a la lanzadera para evacuación en 15 minutos. Jackub, transfiere los datos del diario de a bordo al ordenador de la lanzadera. Los demás, coged sólo lo imprescindible para el viaje y ponéos los trajes espaciales. Esperemos que haya alguien ahí fuera que capte nuestra señal de socorro.

Uno por uno los miembros de la tripulación fueron confirmando sus órdenes y preparándose para el viaje.

La comandante seleccionó la cámara del hangar y unos 10 minutos después ya estaban todos los demás junto a la lanzadera. Sonrió amargamente y miró hacia su abdomen en el que había una perforación debida a una de las partículas que había atravesado el casco. Pulsó el botón de comunicación y mostró la imagen de su cámara en la pantalla del hangar.

- Ha sido un placer compartir este viaje con ustedes. Salid de aquí cuanto antes y suerte ahí fuera.

Sus ojos se cerraron lentamente cuando supo que su tripulación estaba a salvo.