Relato corto: Entorno hostil

Cada paso que daba se me antojaba imposible debido a la falta de oxígeno. Mi vista empezó a nublarse al cabo de un rato hasta que perdí el conocimiento.

Ahora estoy aquí, en una sala con demasiada luz para mi gusto, y rodeada de gente que no para de parlotear sobre mí. No entiendo gran parte de lo que dicen, pero si he distinguido mi nombre entre tanta charla.

Mi nombre es Amber Peterson, y soy la geóloga de la Base Principal de Colonización de Marte. Vine aquí hace unos días con la misión de ayudar en los estudios sobre minería para la utilización de materiales en el desarrollo de nuevos procesos industriales que permitirían usar material rocoso de marte en tareas de construcción.

Sabía que Marte era inhóspito y que aún no era seguro vivir en él al cien por cien, pero no pensé que el planeta podría llegar a ser tan hostil.

Nada más llegar tuvimos problemas con el amartizaje. La cápsula fue demasiado rápido durante el proceso de entrada en la atmósfera, pero nuestro piloto fue capaz de evitar que nos convirtiésemos en un montón de chatarra estrellada en los Valles Marineris.

Sin embargo, hoy, después de una semana, el planeta casi acaba conmigo.

Había cogido un vehículo de exploración para acercarme a una mina cercana a tomar unas muestras. Nada fuera de lo normal, y llegué allí sin contratiempos de ningún tipo.

Me ajusté el traje presurizado y me aseguré de que todos los anclajes y sellos estaban en su posición correcta. Hice un diagnóstico con la consola que lleva el traje en el brazo izquierdo y comprobé los niveles de oxígeno y presión. "Todo correcto".

Cuando estuve satisfecha y segura de que todo iba como la seda, despresuricé el interior del vehículo y salí por la esclusa de carga. La rampa bajó y cuando se paró junto al suelo inicié la marcha hasta la entrada de la mina, unos 50 metros delante de mi.

Una vez fuera del vehículo, cerré la compuerta. No quería que todo ese polvo rojizo acabara entrando hasta el más mínimo rincón de los controles y sistemas del transporte. Si algo fallara me vería obligada a pedir ayuda, y si uno de esos sistemas era la radio y se estropeaba, no creo que pudiera avisar a nadie.

La baja gravedad de marte me parecía extraña al caminar. Aún me quedaba bastante tiempo antes de acostumbrarme a esa sensación. "Paciencia", me dije. "Todo se andará". Y con ese mantra en mi cabeza seguía dando un paso tras otro hasta llegar al agujero que se abría ante mi.

Empecé a descender por el túnel comprobando continuamente los niveles de oxígeno y mis constantes vitales. Además comprobaba cada tramo caminado que la señal de la baliza del vehículo llegase hasta donde había bajado. Si esa señal podía llegar hasta donde estaba, el vehículo actuaría de repetidor de mi señal en caso de emergencia.

Sin embargo, no conté con un pequeño detalle. Bajo la superficie de marte se concentran capas de agua congelada. Este agua, al fin y al cabo es hielo, y si vas más atenta a los instrumentos que al suelo donde pisas te puede pasar lo que a mí.

Lo único que recuerdo a partir de ese momento es que sentí que mi pie derecho se deslizaba hacia delante repentinamente, y que todo el peso de mi cuerpo cayó sobre el pie izquierdo, que iba a medio camino de pisar el suelo. Cuando lo pisó sirvió de poco pues el suelo debajo estaba helado, y la tracción que me permitía andar sobre la roca desapareció de repente.

Caí de espaldas y me deslicé cuesta abajo durante unos cuantos metros hasta que un dolor cegador me dejó sin aliento.

Miré hacia abajo y una especie de estalagmita muy afilada y puntiaguda estaba atravesando mi abdomen y el traje perdía presión lentamente. Mi mente se puso a trabajar en piloto automático después de tanto entrenamiento recibido para todo tipo de situaciones de peligro y puse en marcha mi baliza de emergencia.

Me levanté como pude, conseguí salir de la mina a rastras, respirando con cada vez menos presión en el traje e intentando llegar al vehículo antes de perder el conocimiento. Sin embargo, me desmayé a sólo 5 metros de la rampa de carga.

Por suerte, parece que los chicos de la base han logrado rescatarme, así que ahora voy a disfrutar del colocón de lo que sea que me han administrado. Eso si, no cabe duda de que Marte es un entorno muy hostil.


Agradecimientos a @meneldis por las correcciones