Relato corto: El sueño de mi vida

Desde que tengo uso de razón sentía en mi interior una gran atracción por el espacio. Siempre quise subirme a una lanzadera espacial y surcar los cielos hasta salir de la atmósfera, viendo el planeta empequeñecer allí abajo mientras me dirigía a un lugar remoto e inexplorado.

Intenté alistarme en el programa de exploración espacial nada más acabar mi carrera en ingeniería aeroespacial, pero la exigente nota de corte y mi pobre condición física hicieron que acabara muy por debajo en las listas de requisitos que se solicitaban para las misiones.

Sin embargo, sí que se necesitaba personal técnico para poner a punto los cohetes, propulsores, sistemas de navegación y un largo etcétera de ingenios tecnológicos que hacían posibles las misiones, así que conseguí hacerme un hueco entre en el equipo de ingenieros de control de misión.

Con el tiempo la financiación para las misiones fue menguando hasta tal punto que tenía que hacer las tareas de varios de mis antiguos compañeros. No podía permitirme el lujo de perder mi trabajo. Había trabajado muy duro para conseguir el puesto que tenía, y no estaba dispuesto a tirar por la borda los años de esfuerzo que dediqué para llegar a ingeniero jefe.

Además, siendo realista, esto es lo único que sé hacer, y con lo que realmente disfruto. Aún soy joven, y sigo pensando que algún día podría llegar a ser parte de una tripulación como ingeniero por méritos propios. Pero para eso primero tengo que arreglar este maldito sistema de giroscopios de la Lanzadera Espacial Planetaria antes del lanzamiento de mañana.

Llevo metido en este módulo acostado en el suelo boca arriba detrás de la pared interior del módulo de carga más de 6 horas, y anoche estuve haciendo horas extra. Maldita sea, estoy muy cansado, pero si no arreglo este problema los chicos de la misión van a pasarlo realmente mal para orientarse en el espacio, y el único que se ha dado cuenta del problema he sido yo al hacer una ronda de comprobaciones cuando todo el mundo se había ido ya a casa.

El problema es sutil y no genera errores en las secuencias de comprobación. Hago una serie de mediciones y compruebo que las lecturas siguen sin ser correctas, así que introduzco el cable del sistema de diagnóstico en el puerto de comunicaciones de la placa del giroscopio y reviso una y otra vez el código. Sólo veo líneas y líneas de números que se arremolinan en mi nublada mente y sigo sin ver el error. Mis ojos se cierran de vez en cuando y noto que el sueño se apodera de mí. Intento incorporarme, y al hacerlo, mi cabeza golpea uno de los paneles, me cae encima y empiezo a verlo todo negro...

De repente noto una sacudida seguida de un gran estruendo. Noto como el habitáculo del módulo en el que estoy está vibrando. Para cuando he terminado de mirar a mi alrededor y recuerdo dónde estoy, siento una presión desmedida en mi pecho que me presiona contra el suelo del módulo.

¿Que ha pasado?, ¡esto me va a costar el puesto!. Mi mente empieza a despejarse y empiezo a ser consciente de la verdadera situación: La lanzadera está despegando. Soy un polizonte en la misión de exploración.

Bueno -pensé-, al menos ahora tendrán un ingeniero que pueda arreglar el problema del giroscopio.