Relato corto: Consciencia

La raza de los Denur dominó durante milenios el planeta que conocemos como Gliese 163c, situado a 49 años luz de nuestro sistema planetario.

Su planeta, al ser más grande que la Tierra, tenía una mayor gravedad, pero el clima y la composición de la atmósfera eran muy parecidos a los de nuestro hogar.

Su estrella era una enana roja, un tipo de estrella bastante común en nuestra galaxia. Era pequeña, y generaba poco calor, pero la cercanía del planeta al astro le confería un clima cálido en general.

Tenía océanos y continentes, montañas altas y valles hermosos donde el suelo estaba cubierto de vegetación y de vida. Un paraiso hecho realidad.

Los Denur se caracterizaban por tener un sentimiento de comunidad muy fuerte. Su tecnología avanzaba en una dirección que siempre mejoraba el bienestar común de los habitantes del planeta, y este sentimiento de unidad favoreció que en un momento de su evolución, sus mentes fueran capaces de comunicarse por medios telepáticos.

Los siglos pasaban y los Denur prosperaron. Su raza sigió avanzando en el sentimiento de ser parte de un todo, hasta que con el tiempo, uno a uno, los Denurianos comenzaron a unir sus mentes en pequeños grupos. Primero familias enteras, luego clanes, países... hasta que finalmente, todos los grupos unieron sus mentes en una única consciencia que guiaba sus actos en favor del bienestar de la raza entera.

Debido a que su tecnología se basaba en el bienestar general, nunca se preocuparon excesivamente por estudiar el universo fuera de su planeta. Fue por esto que sin quererlo, sellaron su fatídico destino.

Un día, su estrella, como muchas enanas rojas, produjo una llamarada tan violenta que la atmósfera del planeta fue barrida por completo.

Los Denur empezaron a morir a medida que el planeta era barrido por la corriente de plasma de su estrella, y la consciencia colectiva de los Denur, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, proyectó toda su energía hacia el espacio exterior, intentando sobrevivir.


Aquel día Jack acababa de llegar a su puesto de trabajo. Ese día era un día como otro cualquiera. Nada parecía ser distinto a lo que su rutina le tenía acostumbrado.

Sin embargo, a media mañana ocurrió algo extraño y a la vez extraordinario. Su visión se nubló de repente y por su mente pasaron miles, quizás millones de imágenes de un mundo que no conocía.

Era como si por un espacio de un segundo hubiera vivido toda la vida entera de otro ser que no era él: sentimientos de angustia, júbilo, tristeza, felicidad...

Y al final de las imágenes: un vacío. Una oscuridad y un sentimiento de soledad indescriptible.

Cuando su vista volvió, se asomó por encima de su cubículo y vio que todos sus compañeros se miraban unos a otros con gesto extrañado y se dieron cuenta de que todos habían tenido la misma visión.

El legado de los Denur sería estudiado por los humanos desde ese momento, y su memoria seguiría viva por muchos años más.